UOC Ciudades

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Blog del Máster oficial de Ciudad y Urbanismo

La imposición de normativas utópicas sobre la ciudad existente (I): El caso de las redes de servicios en urbanizaciones informales brasileñas.

Mireia Hernandez Asensi 21 Mayo, 2013

Por Eduard Álvarez y Mireia Hernández.

¿Donde están los abogados? ¿Por qué no han echado una mirada detenida a la ley y al orden que su propio pueblo produce? La respuesta es que en el tercer mundo y en los países que salen del comunismo, los abogados están por lo general muy ocupados estudiando la ley occidental y adaptándola.

– Hernando de Soto [1]

La afirmación del prestigioso economista peruano a finales de los noventa sigue siendo totalmente válida y aplicable a los problemas más actuales de nuestro día a día. Los países emergentes están viviendo acelerados procesos de urbanización que multiplican el tamaño de las ciudades y deshabitan las regiones rurales. La vivienda sigue siendo una de las principales preocupaciones de los desplazados, así como de las instituciones públicas que no consiguen fiscalizar la construcción de asentamientos irregulares. De este modo, importantes colectivos son obligados a vivir de forma precaria y bajo los condicionantes de un mercado alternativo con sus propias reglas y actores. Dentro de este bullicioso proceso urbano que desborda a planificadores y autoridades, cabe atender a un aspecto que tiene especial relevancia para los urbanistas: la autoconstrucción de ciudad y sus redes de servicios.

Evidentemente, no es la primera vez en la historia que acontece un fenómeno de similares características. Desde el siglo XIX se vienen sufriendo importantes procesos de ensanche y regeneración urbana, sin embargo cada uno de ellos ha tenido sus propios actores y ha seguido sus propias pautas. Sirva de ejemplo la cita de McDonough, en donde afirma que: La Revolución Industrial no fue planificada, pero no por ello carece razón de ser. En resumidas cuentas, fue una revolución económica, provocada por el deseo de adquisición de capital [2]. Y en este caso puede establecerse un claro raciocino para establecer paralelismos.

Para el caso analizado, es preciso diferenciar las famosas favelas de los loteamentos irregulares. Las primeras responden a asentamientos autoconstruidos en terrenos públicos y habitualmente con importantes riesgos geológicos o de inundación. Los loteamentos, en cambio, son asentamientos que pertenecían a un propietario privado que decidió parcelar y vender los terrenos sin garantizar las infraestructuras de urbanización necesarias para que las futuras viviendas pudiesen optar a un título de propiedad legal. En el segundo caso existe solución al problema: la realización de un proyecto de reurbanización y legalización; donde se garantice el acceso y la disposición de redes de alcantarillado, agua potable y electricidad a cada una de las viviendas. En el caso de las favelas, por contra, el hecho de estar situadas en zonas de riesgo prácticamente invalida cualquier posibilidad de legalización; de ese modo, sólo se conseguirá mitigar el riesgo con la intervención del sector público, quien ofrecerá a los habitantes de esas zonas lugares más seguros y confortables.

A parte del propio proceso de ocupación del territorio, no podemos olvidar que el citado proceso acaba siendo un negocio más dentro del ferviente proceso constructivo, motivo por el que cabe recordar el objetivo primordial: la obtención de una vivienda en propiedad. En estos asentamientos existe un mercado interior con decenas de involucrados en la creación de cada una de las viviendas: oficiales, peones, transportistas, industriales especializados, etc., todos ellos residentes en el propio asentamiento. Cada uno aporta sus conocimientos y materiales a cambio de un salario, por lo que el adquiriente de la vivienda debe sufragar como mínimo ese coste. Y evidentemente, son esos mismos actores los que posteriormente ayudarán al “propietario” frente a cualquier disputa. Caso contrario, los vecinos desconfiarían de su trabajo y perderían su negocio. Como decíamos al principio: su propio mercado con sus propias reglas.

Este tipo de asentamientos con construcciones espontáneas y erguidas por el propio morador y sus vecinos, están en constante ampliación y rehabilitación. El resultado es un paisaje que siempre está cambiando, creando composiciones imprevistas, laberínticas, aleatorias y diversas. El caos, el desorden, la fragmentación y la complejidad son términos que pueden acercarse a esta realidad, intentando traducir el estilo de vida que se vive ahí [3].

Centremos por último la atención en el espacio público y las redes de servicios. La definición del espacio público se materializa como negativo de la ocupación del espacio privado. No atiende al interés común, ni al diseño del planificador, ni siquiera a garantizar unos mínimos de salubridad e higiene. Simplemente queda como el espacio estrictamente necesario para permitir el acceso a pie a las viviendas servidas.

Las redes de servicios siguen un camino parecido. Se construyen con la finalidad de evitar que la vivienda en cuestión tenga problemas, sin preocuparse de la generación de problemas aguas abajo en el caso del drenaje, o tirando directamente aguas residuales en terrenos próximos. El problema aparece en el momento en que se realiza el proyecto de reurbanización que debería permitir la legalización de cada una de las viviendas. Dicho proyecto debe determinar que edificaciones deben ser derruidas para el bien común, resolver la accesibilidad y garantizar la universalización de los servicios urbanos. Y es aquí donde se generan las grandes controversias.

La normativa brasileña que regula los criterios técnicos de diseño de cada una de las redes es sumamente exigente, de modo que el proyectista se ve obligado a diseñar con estándares de urbanización propios de sectores de nueva promoción de las mejores ciudades europeas. Este contrasentido es percibido por el proyectista, quien sin embargo, debe acatar a la norma para evitar ser acusado de falta de responsabilidad técnica e incumplimiento de la normativa. 

Sirva de ejemplo el caso de la red de saneamiento. Gran parte de las ciudades españolas funcionan con redes unitarias donde se agrupan las aguas de lluvia con las residuales. Al ser un país poco lluvioso, la red funciona solamente con agua residual la mayor parte del tiempo. Y al llover, aparte de producirse una limpieza de los fondos por el incremento de caudal y velocidad, entran en funcionamiento los vertederos, que extraen de la red los excedentes de caudal cuando la dilución de agua es suficientemente baja como para ser vertida al medio natural sin producir contaminación. En el caso brasileño, por contra, deben proyectarse redes separativas de drenaje y aguas residuales, lo que supone la realización de como mínimo tres zanjas en cada calle para poder canalizar cada uno de los flujos. Evidentemente, la intervención sobre calles existentes tiene un coste importante y más si debe intervenirse por triplicado. Además de ello, las pendientes extremas que acostumbran a tener estas urbanizaciones no facilitan el correcto funcionamiento de la red, con lo que el dispendio económico se agudiza aún más. Lógicamente entendemos los gestores públicos cuando nos justifican que han gastado mucho tiempo y dinero en concienciar a la población de la necesidad de no juntar aguas de lluvia y residuales, y que ahora no tienen interés en reverter esa dinámica. No obstante, y viendo el funcionamiento de esos asentamientos, creemos que sería más prudente intentar flexibilizar la normativa que mantener la rigidez que impide llegar a una solución de mínimos. ¿O acaso es preferible dejar que la constructora acabe incumpliendo el proyecto por ser inviable y demasiado costoso?

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Otro de los aspectos que debe tenerse en cuenta es la sostenibilidad de este tipo de intervenciones. Cabe preguntarse si es lógico utilizar los mismos niveles de servicio para diferentes tipologías urbanas. La normativa brasileña actualmente define los estándares mínimos que debe tener cada una de las redes de servicio, pero en ningún caso afronta su propia realidad social: la diferencia ente las clases sociales que componen la sociedad brasilera. Y este hecho, que aparentemente podría entenderse como una exclusión social, debería servir para que el proceso de urbanización respondiera a las necesidades reales de cada colectivo. Sin duda, ello evitaría construir las redes de servicio con soluciones pensadas para la urbanización de la ciudad formal, y obligaría a administraciones públicas y proyectistas a buscar soluciones adaptadas a las propias condiciones de las favelas y los loteamentos irregulares. Es entonces esta visión menos sostenible y más excluyente? 

En el año 1993 la ciudad de Rio de Janeiro apostó por la recuperación de la ciudad construida, por la dignificación de sus calles y sus barrios, y para el caso de la ciudad informal lo hizo a través del Programa Favela-Bairro. [4] Este programa se basó en la colaboración de todos los departamentos municipales, estatales y federales (urbanismo, medio ambiente, salud, educación primaria, trabajo y renta) que aplicaron sus propios programas en los nuevos espacios físicos construidos; pero sobre todo, en las sinergias establecidas con las asociaciones de vecinos y con sus aportaciones e iniciativas sobre los programas. 

Esta aproximación a las necesidades de los habitantes de la ciudad se perdió con la estandarización de las soluciones de urbanización, y actualmente programas como el Renova São Paulo sólo establecen contacto con los moradores de los asentamientos informales para para aprobar la ordenación puramente urbana. Entretanto, las compañías de servicios continúan exigiendo las mismas soluciones que para la ciudad formal, y a menudo, los programas acaban siendo inviables por la imposibilidad de su ejecución. Es realmente necesario?

NOTAS

[1] DE SOTO, H., 2000, p.216.
[2] MCDONOUGH, W., 2005, p. 19.
[3] DIMURGO, G., 2007, p. 10
[4] ANDREATTA, V., 2005, p.3

BIBLIOGRAFIA

DE SOTO, H., 2000, p.216. ANDREATTA, V.: “Favela-Bairro, un nuevo paradigma de urbanización para asentamientos informales” en Cuadernos Internacionales de Tecnología para el Desarrollo humano núm. 3. Barcelona, Ed. Federación Española de Ingeniería Sin Fronteras, 2005. 

ANDREATTA, V.: “Lecciones y enseñanzas para la lucha contra la pobreza urbana. Experiencias de planeamiento y regeneración integral de barrios informales en Brasil”. Madrid, en II Congreso Internacional de Desarrollo Humano, 2009.

CAMINOS, H. y GOETHERT, R..: “Elementos de Urbanización”. México, Ed. G. Gili, 1984.

DE SOTO, H. (2000): El misterio del capital: ¿Por qué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo?. Lima: Ed. El Comercio. 287p. 

DIMURO, G.: “Favela-Bairro. ¿Un programa sostenible?”. Sevilla, Ed. Universidad de Sevilla, 2007.

MAGRINYÁ, F.: “El acceso a los servicios urbanos y la urbanización en los países del Sur: la necesidad de una perspectiva en el espacio y en el tiempo” en Cuadernos Internacionales de Tecnología para el Desarrollo humano núm. 3. Barcelona, Ed. Federación Española de Ingeniería Sin Fronteras, 2005.

PIREZ, P.: “Servicios urbanos y equidad en América Latina. Un panorama con base en algunos casos”. Santiago de Chile, CEPAL, 2000.

SECRETARIA MUNICIPAL DE HABITAÇÃO DE SÃO PAULO: “Operações Táticas”. São Paulo, Ed. Secretaria Municipal de Habitação de São Paulo, 2009.

SECRETARIA MUNICIPAL DE HABITAÇÃO DE SÃO PAULO: “Urbanização de Favelas. A experiência de São Paulo”. São Paulo, Ed. Secretaria Municipal de Habitação de São Paulo, 2008.

Sobre el autor

Profesora colaboradora en la asignatura Territorio, infraestructuras y servicios urbanos del Máster Universitario de Ciudad y Urbanismo. Ingeniera de Caminos, Canales y Puertos. Directora de proyectos en PCE Engenharia (Río de Janeiro).
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