UOC Ciudad y Urbanismo

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Blog del Máster Universitario de Ciudad y Urbanismo

Estado moderno: Control e identidad.

Marc Pons 22 Noviembre, 2013

Los últimos meses, en la prensa mundial [1], ha sido noticia el controvertido espionaje que la NSA (National Security Agency)  ha realizado sobre múltiples objetivos entre los cuales sus amigos y aliados europeos [2]. Estas filtraciones han sido protagonizadas por las revelaciones del antiguo analista de la misma agencia, Edward Snowden.

Hechos como estos nos recuerdan el esfuerzo permanente de los diferentes gobiernos para tener acceso, y bajo su control, el máximo de información posible. Esta información puede ser de distinta naturaleza; información estratégica de los líderes mundiales, secretos tecnológicos o armamentísticos, así como posibles informaciones que pudieran relacionarse con grupos terroristas o que pudieran afectar los intereses estratégicos y de defensa. A su vez, puede ser recabada de diferentes fuentes, aunque sean a partir de compañías privadas [3].

Lo relatado hasta aquí se refiere a un plano de defensa nacional ante posibles amenazas exteriores. Pero también podríamos hablar acerca de la recopilación de datos, o el intento constante de tener mejor identificados a los propios ciudadanos en términos de seguridad interior o seguridad ciudadana [4].

Más allá de las implicaciones que suponen estas intromisiones a la privacidad en relación al conocido debate sobre el precario equilibrio entre Seguridad Vs. Libertad, cabría destacar que este esfuerzo por parte del estado para el registro sistemático de datos individuales, persiguen objetivos más amplios y con un recorrido histórico que va paralelo al desarrollo del estado moderno.

Des de la sociología histórica se nos presenta la acción pública por parte de las administraciones como un proceso de creciente tecnificación, donde la necesidad de gestionar de una manera menos patrimonialista y más profesional a la población, empuja a la administración a, en primer lugar, incorporar “conocimiento”a sus decisiones para legitimarlas, y segundo, conocer mejor a la población a la cual rinden servicio o gestionan [5]. Conocer a la población a la cual rinden servicios, puede afectar diferentes ámbitos, el sanitario, el educativo, la movilidad, etc. y sin duda el ámbito de la seguridad. I los datos pueden tener diferente naturaleza, desde datos demoscópicos a simples registros de la propiedad, pasando por fichas policiales.

En este sentido, de profesionalización y conocimiento, las instituciones públicas cada vez han tenido una mayor necesidad de identificación de su población. ¿Con que fines? Si hablamos de aspectos de identificación, registro o vigilancia, Xavier Crettiez y Pierre Piazza [6], los autores destacaran que históricamente, esta creciente necesidad de registro e identificación se justifican por: En primer lugar, la seguridad y el control, en segundo lugar, los procesos de nacionalización y, finalmente, el de institucionalización de la identidad. Como vemos, no todos ellos directamente relacionados con aspectos de seguridad.

Respecto a las exigencias estatales de seguridad policial y la necesidad de control social ha sido un fenómeno en crecimiento en todos los estados modernos. Este proceso se incardina ya en el momento en que el control social no puede garantizarse por el simple hecho de “lealtad personal” o de comunidades reducidas y con poca movilidad en que cualquier novedad es enseguida percibida. Así pues, los estados tendrán una mayor necesidad de control sobre la población [7]. Este control implica registros e identificaciones que ayuden a controlar la movilidad y los elementos percibidos como peligrosos. Pero no solamente, históricamente también ha sido utilizado para diferenciar la población que tiene deberes y derechos y que debe diferenciarse de aquella que no los tienen, extranjeros o población autóctona a segregar [8].

Respecto a los procesos de nacionalización, consiste en un proceso de institucionalizar una identidad colectiva. ¿Cuántos países no han ejercido el control de registro en el momento de poner nombres, o en el de utilizar un idioma? Los documentos nos acreditan como parte de un mismo colectivo, con derechos y obligaciones iguales y compartidas. Este proceso de homogeneización se reproduce en muchos otros ámbitos, la escuela, el ejército, etc. Este proceso, como ya hemos mencionado, también implica un proceso de diferenciación con los “no nacionales”, ya sean dentro o fuera de nuestras fronteras [9].

En último lugar, cuando hablamos de la construcción de una identidad, nos referimos a la institucionalización del individuo, al darle una personalidad i un perfil. Los estados modernos destacan por el grado de identificación personal con la construcción institucionalizada de nosotros mismos. Esta es tal, que hemos llegado a aceptar grados de intrusión que serían impensables en otras épocas.  El impacto de los documentos identificativos en nuestra vida cotidiana, por darnos acceso a la sanidad, a la educación, a los servicios básicos y no tan básicos, han añadido en nosotros tantos elementos, consubstanciales a nuestra idea de ciudadanía, que sin ellos nos resultaría difícil reconocernos a nosotros mismos. Esto nos empuja a cierto grado de comprensión y aceptación, más o menos pasiva, a cada nuevo instrumento de registro o identificación que se nos propone/impone, como si de una lluvia fina se tratara [10].

¿Dónde nos sitúan estas evidencias? Más allá del régimen político en el que estemos sometidos o inseridos estos elementos actúan y son propios de cualquier estado contemporáneo que se precie mínimamente eficiente. Además, estos estados a pesar de haber dejado de tener el monopolio de acceso a nuestros datos y de creación de identidades, es decir, de institucionalizarnos [11], no han dejado de ejercer presión.

Por lo dicho hasta el momento, intuyo que nuestras sociedades cada vez más tecnificadas y más complejas, exigirán a nuestras instituciones un mayor grado de profesionalización y control, al menos si el estado quiere continuar ejerciendo como tal (ejecutor de políticas públicas, protección de los ciudadanos, seguridad interior y exterior, etc.). Entonces parece claro que lo vivido los últimos años no deja de ser un episodio más de este proceso. La cuestión es, ¿La sociedad civil podrá protegerse y/o aplicar garantías suficientes a la protección de su intimidad y libertad? ¿Hay opciones reales de contención ante este aumento de capacidades técnicas y tecnológicas que son tan intrusivas, y a la voluntad de los estados para registrarnos y controlarnos, ya sea para ofrecer servicios o garantizar nuestra seguridad?

Intuyo que pocas. Aquellos pocos indignados por el grado de intrusismo y el peligro que este conlleva, no podrán cambiar la dinámica de una inmensa mayoría complaciente que cómodamente se adaptará a cada nuevo molde. Porqué la idea es que este grado de intrusismo no se limita a una cuestión de renunciar a nuestra libertad, es una cuestión de hábito, comodidad y necesidad [12]. Y todo esto sin olvidar la tibia reacción de nuestros estados ante el escándalo del espionaje masivo, dejando claro que prioridad tienen nuestros derechos en su escala de prioridades.

– Notas del autor:

[1] El País contiene un dossier completo sobre el espionaje americano y sus consecuencias diplomáticas, que han sido más bien pobres.
[2] Al parecer, las mismas agencias europeas han colaborado en esta tarea con respecto al espionaje en masa a sus ciudadanos. El mismo dossier del País detalla estas informaciones.
[3] De telecomunicaciones, telefonía móvil, de navegación por internet o bien de redes sociales.
[4] Desde el observatorio de derechos y libertades civiles, Statewatch, a partir de diferentes proyectos, publicaciones y observatorios focalizados en diferentes ámbitos, se nos advierte del grado de intromisión y vulneración de nuestra intimidad, así como de control, que se ejerce desde los países occidentales y sus instituciones supranacionales.
[5] Philippe Bongrand, Julie Gervais i Renaud Payre, identifica este conocimiento como “savoirs de gouvernement”. Aquel conocimiento que la administración necesita y que, o bien genera por ella misma o bien busca en forma de expertos, comités de sabios, consejos de expertos, etc. en el exterior. En Les savoirs de gouverement à la frontière entre, administration et politique”, (Gouvernement et action publique 2012/4 (nº4)) se nos hace un repaso histórico y en diferentes ámbitos de esta necesidad de conocimiento y profesionalización.
[6] Crettiez, Xavier (2006) Du papier à la biométrie Identifier des individus. Paris. Presses de Science Po I. “Academique”, 332 pages.
[7] Vincent Denis nos expone el proceso histórico en la época moderna en Francia (S. XVII-XVIII). Un proceso de registro y luego de identificación a través de una carta de identificación (encartement). Nos relata el proceso histórico de control de diferentes colectivos. En un primer momento el registro de personas iban destinados a aspectos básicos de la acción del estado monárquico, sus soldados. Un segundo paso, el de identificación de población pobre (o de riesgo) con un alto grado de movilidad, y más tarde para ejercer el control de la Corona sobre diferentes actividades económicas. Todo esto acompañado por una mejora en los aspectos técnicos y tecnológicos, que según Vincent, generará un verdadero “savoir d’état.  Denis, Vincent (2006) L’encartement: de l’ancien régime à l’empire. Dentro de Crettiez, Xavier (2001) Op. Cit. pág. 39-50
[8] Históricamente, este tipo de distinciones no solo se ha dado entre nacionales y extranjeros. Muchas veces, los elementes de identificación han servido como arma de segregación, por ejemplo en muchos países europeos del S.XX, con las minorías étnicas dentro de sus propias fronteras.
[9] En su conjunto viene a significar el conocido concepto anglosajón de nation building – state building. De hecho, este tipo de documentos identificativos también han servido para ejercer una resistencia activa a este proceso de nacionalización, principalmente desde esas identidades no asimiladas.
[10] Hay casos de resistencia notable, como el rechazo inglés a cualquier tipo de documento con pretensiones de definir al individuo. Un ejemplo de cómo la trayectoria o historia de cada estado puede definir el grado de penetración y aceptación de este tipo de instrumentos de control e identificación. Pimentel, Carlos Miguel (2006) L’exception britannique; l’identité non écrite. Dentro de Crettiez, Xavier (2001) Op. Cit. pág. 189-210
[11] Aquí sería bueno no caer en el error, a mi modo de ver, de considerar que el estado ha sido sobrepasado o superado por estas compañías privadas de la comunicación, o que el estado ha dejado de tener el control sobre estos datos u sobre la creación de estás identidades paralelas (como puede ser facebook). Un buen ejemplo es la capacidad de coacción y presión que tuvieron países como EUA en los últimos casos de espionaje, o la China para censurar buscadores como Google.
[12] El estar o no identificados o registrados nos puede excluir de facto a un amplio abanico de servicios, públicos y/o privados.

Sobre el autor

Colaborador del programa Ciudad y urbanismo. @PonsOlot
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