Cuerpos cívicos o el elogio de la fragilidad

14 Noviembre, 2014

En la última película de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne , “Dos días y una noche”, Sandra, una mujer joven que esperaba reincorporarse al trabajo luego de una baja por depresión, tiene sólo un fin de semana para convencer a sus compañeros de renunciar a una prima y así ella poder conservar su empleo.  De telón de fondo, la violencia de la crisis y la perversión del capital al trasladar el conflicto hacia el interior del grupo de pares. En primer plano, el transitar inseguro de la protagonista en el encuentro con esos otros, ajenos en principio a su desesperación. Un argumento centrado en la complejidad de la empatía ante la fragilidad ajena y el desamparo que genera el dolor vivido en soledad. Sin embargo, la hora y media de cinta también es una exploración de la posibilidad de encuentro, solidaridad y fortaleza desde el reconocimiento de la fragilidad mutua.

La película me llevó a “Carne y Piedra”, esa obra de Richard Sennet en la que mezcla historia, psicología y urbanismo. No sabría definirla porque quiebra toda frontera entre disciplinas de una forma rica, libre e inspiradora. Piensa las ciudades y las formas de vivirlas desde las relaciones entre quienes las habitamos. En su análisis los vínculos generan y son generados por dinámicas y configuraciones urbanas (y por tanto sociales)  en un ir y venir que deja huellas en el territorio, en las normas, en  los cuerpos.

En el último capítulo, al terminar el libro, introduce un apartado que titula “Cuerpos Cívicos”, un verdadero broche de oro donde se pregunta por la posibilidad de la convivencia en un mundo de gran heterogeneidad, donde cada uno de nosotros es un otro. El título es sugerente porque retoma el significado de la palabra cívico como la referencia a un destino entrelazado a otros, a un cruce de suertes.  En la película es evidente que el encuentro de Sandra con cada uno de sus compañeros remite a este cruce; algunos son capaces de verlo pero otros no pueden.

Cuerpos Cívicos

Entre los problemas cívicos de una ciudad multicultural está la dificultad moral de estimular la simpatía hacia los que son los otros. Y esto sólo puede ocurrir si se entiende por qué el dolor corporal exige un lugar en el que pueda ser reconocido y en el que sus orígenes trascendentes sean visibles. Semejante dolor tiene una trayectoria en la experiencia humana. Desorienta y hace incompleto al individuo, vence el deseo de coherencia. 

El cuerpo que acepta el dolor está en condiciones de convertirse en un cuerpo cívico, sensible al dolor de otra persona, a los dolores presentes de la calle, perdurable al fin- aunque en un mundo heterogéneo nadie puede explicar a los demás qué siente, qué es. Pero el cuerpo sólo puede seguir esta trayectoria cívica si reconoce que los otros de la sociedad no aportan un remedio a su sufrimiento, que su infelicidad tiene otro origen, que su dolor deriva del mandato divino de que vivamos juntos como exiliados. 

– Richard Sennet . Carne y Piedra

¿Cómo traspasar entonces los muros de percepción con los que nos movemos?; ¿Cómo recuperar el significado relacional de lo cívico si somos cada vez más ajenos en la mirada de los demás?; ¿Cómo evitar que las crecientes y crueles desigualdades de los espacios en los que vivimos se conviertan en soledad, aislamiento e indiferencia?; ¿Qué elementos posibilitarían el vínculo entre personas cada vez más complejas y singulares?; Y finalmente, ¿Qué nos acerca a cada uno de esos otros, qué nos impulsa hacia fuera en busca de los demás, en busca de  “experimentar al Otro”? Estas preguntas con las que Sennet elige concluir su libro sobre ciudades desbordan a cualquier enfoque exclusivamente territorial y técnico y nos obligan a repensar las relaciones con los demás, asumiendo la complejidad individual como algo irrenunciable.

En su enfoque Sennet no castiga el individualismo desde posiciones que llaman a la vuelta de la comunidad a partir de fórmulas institucionales o simbólicas externas.  Por el contrario, su respuesta surge de la exploración más profunda del individuo y desde allí le da lugar a la  fragilidad de la que todos estamos hechos. Nos recuerda que es un hábito moderno el considerar plenamente negativas  la inestabilidad social y la insuficiencia personal, pero también advierte que si predomina la protección sobre uno mismo, si el cuerpo no está abierto a crisis periódicas, el organismo acaba enfermando por falta de estímulo.  En su respuesta el asumirnos como cuerpos dolientes y frágiles “desorienta y hace incompleto al individuo, vence su deseo de coherencia” y esto, lejos de ser negativo, es indispensable para reconocer, necesitar  y  finalmente, encontrarnos con un otro que irremediablemente siempre será diferente.


Referencias y fuentes

Dos días, una noche (2014), Directores: Luc Dardenne y Jean-Pierre Dardenne. Ficha en Filmaffinity.

Richard Sennet (2010) Carne y Piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Madrid: Alianza Editorial.

Sobre el autor

Profesora colaboradora en la asignatura Políticas urbanas e innovación social del Máster Universitario de Ciudad y Urbanismo. Licenciada en Sociología. Forma parte del equipo de Territoris Oblidats. @Marie_igles
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