Ruptura urbana

22 Septiembre, 2016

Barcelona debe ir más allá de la mitificación de los años 80, de los Juegos Olímpicos y de Barcelona modelo for export. Sería absurdo menospreciar un momento rupturista y en general exitoso del urbanismo barcelonés. Como lo fue el radical Cerdà. O como se intentó en los años republicano con el Gatcpacde Torres Clavé y de Sert. Nos inspiramos del pasado, de la cultura acumulada, de las ideas y proyectos y de las intervenciones en el territorio. También de lo que se propuso y no se hizo, de las demandas y aspiraciones populares y de la imaginación de intelectuales, literatos y artistas. La cultura es lo que queda cuando todo se ha olvidado. La memoria no es el ayer, es hoy, lo que se ha internalizado. Es época de cambio, ni copiar el pasado, ni conformarse con el presente.

Este cambio nos confronta en las ciudades con dos grandes retos. La insostenibilidad del mal uso y despilfarro y especulación con la energía, el agua y del suelo. Y sus efectos perversos: calentamiento del planeta, mayorías que no acceden a recursos básicos, contaminación del aire, etc. Estos efectos son universales pero afectan más directamente a las mayorías populares. Y la creciente desigualdad social y la exclusión de los marcos integradores, crisis del trabajo remunerado y segregación de la vivienda del tejido urbano y social.. Ambas burbujas que va aumentando y dará lugar a conflictos, en muchos casos asimétricos, que generarán insurrecciones, revueltas y violencias.. Las ciudades y las regiones urbanizadas actuales no son solo el ámbito de las crisis, también son factores causales de las mismas.

Barcelona y el entorno metropolitano no pueden pensarse al margen de esta realidad globalizada. En los años 80 y siguientes los desafíos urbanos fueron la intervención física en el territorio, lo cual derivó en atracción de inversiones de capital privado. Se aumentaron los servicios y mejoraron los entornos colectivos, como los transportes, el espacio público, los equipamientos sociales y culturales y se rehabilitaron conjuntos de viviendas populares. Pero a medida que la ciudad se convirtió en un lugar prioritario de acumulación de capital, en gran parte merced a la especulación urbana, se multiplicaba la regresión social (desahucios,
desocupación, pobreza, privatizaciones, marginación, etc) y se recortaban las prestaciones sociales. El uso intensivo de la ciudad metropolitana acentúa los factores agresivos al medio: la movilidad basada en el automóvil, la urbanización dispersa en el entorno regional, las arquitecturas ostentosas, las actividades depredadoras (turismo, transferir residuos al medio físico, etc). Las prioridades de las políticas públicas no pueden ser las mismas que en la década de los 80. No se trata de más “austeridad” si se entiende como menos bienes y pretaciones, sino de otros modos de consumo y gestión de los recursos y de los servicios.

Afrontar los dos retos citados la sostenibilidad y la desigualdad social, no pueden afrontarse con los mismos instrumentos jurídicos y urbanísticos. Como el control público y social del sistema bancario, de las empresas de servicios y de la propiedad del suelo. Intervenir en la ciudad como un proceso inductivo y real y no como un plan o modelo deductivo y virtual.
Plantearse cada acción urbanística no para resolver un problema, cada intervención debe resolver varios problemas a la vez, sostenibilidad y puestos de trabajo, viviendas y integración ciudadana, mejora del entorno urbano y reducción de las desigualdades. Lo cual solo se puede hacer con escuchando a la ciudadanía.

Jordi Borja. El País, feb. 2016
Editado sep. 2016.

Sobre el autor

Profesor Emérito y Presidente del Comite Académico del Máster Universitario de Ciudad y Urbanismo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona y Geógrafo urbanista por la Université de Paris-Sorbonne. Ha ocupado cargos directivos en el Ayuntamiento de Barcelona y participado en la elaboración de planes y proyectos de desarrollo urbano de varias ciudades europeas y latinoamericanas. Fue Presidente del Observatorio DESC (derechos económicos, sociales y culturales). Website
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