UOC Ciudades

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Blog del Máster oficial de Ciudad y Urbanismo

Las ciudades y los gobiernos locales, ¿centralidad política ante el cambio de era?

Adolfo Estalella 5 Diciembre, 2017

En este artículo, reflexionamos sobre el nuevo rol que desarrollan los gobiernos locales ante la gestión y solución de los problemas de la humanidad, en un mundo más urbano. Tratamos de aportar elementos para la reflexión y la acción local en este entorno cambiante, incierto y apasionante a la vez.

Lo político, en su vertiente institucional y no institucional, en la ciudad es el objeto. Concebimos la ciudad como un conjunto de sistemas, que finalmente deben orientarse a una vida en común mejor para todas las personas que viven en ella. Se ofrece, por tanto, una visión ética y normativa de lo político y del gobierno local. Un gobierno que es cada vez más gobernanza: a nivel interno, gestión de la red de actores sociales, públicos y privados y, a nivel externo, la gestión de la relación con otros niveles de gobierno.

La transformación de la sociedad, transforma su manera de gobernarse. Desde la visión jerárquica, a partir de las instituciones políticas nacidas de la Ilustración y de la era industrial; hasta la flexibilidad, la influencia y la gestión de la red dentro y fuera de la ciudad como bases del nuevo paradigma de gobierno.

En primer lugar, trazamos una breve descripción de algunos de los retos actuales de las ciudades contemporáneas; en segundo lugar, describimos algunos principios de la organización política de lo local; y en tercer lugar de la innovación social y la participación ciudadana.

Respecto al primer ámbito, a la respuesta a los retos actuales, cabe analizar cómo responden y se adaptan las ciudades a procesos de integración regionales y mundiales como la europeización y la globalización. Y cómo estos procesos condicionan e impactan en la vida de la ciudad, de los barrios. También nos centramos en la respuesta política para avanzar en el objetivo del derecho a la ciudad (Lefebrve, 1968). [2]

Este es un concepto esencial de nuestra visión urbana. Las ciudades son el espacio de tensión de los principales problemas de la humanidad. De una humanidad cada vez más concentrada en el hábitat urbano. Los movimientos sociales, las clases medias más jóvenes y empobrecidas, la inmigración plantean una tensión en el territorio urbano, muchas veces en barrios, colonias y distritos determinados, respecto de las clases corporativas y los grupos de edad más avanzados de las clases medias (Sassen, 2004). Los problemas sociales de la humanidad, en gran medida, se disputan en los espacios urbanos.

La ciudad recibe la tensión entre su construcción polarizada, o bien por parte del mercado y los negocios, con un papel más o menos notable de coordinación por parte del sector público y del gobierno local, o bien desde una influencia mayor o menor de una cultura que surge de sus comunidades dinámicas, y que le otorga personalidad e identidad diferenciada. El reto y nuevo paradigma es la armonización de estos polos, su construcción concertada y equilibrada.

Los retos sociales de edad, de envejecimiento, de sostenibilidad, de incorporar a los distintos grupos de edad al proyecto de ciudad, de responder al extremismo y de fortalecer la convivencia en la diversidad, son otro retos políticos a los que hay que responder desde el derecho a la ciudad y las políticas locales que lo desarrollan.

El aumento del tamaño de las ciudades, la dinámicas de urbanización, la aparición de áreas metropolitanas extensas, requiere de gobernanza metropolitana. ¿Cómo se forman estos gobiernos de las conurbaciones? ¿Están más o menos institucionalizados? ¿Qué tipos de competencias tienen? ¿Se financian con ingresos propios? ¿ ¿son dependientes? Algunas de estas preguntas motivan una reflexión sobre la institucionalización política de lo metropolitano.

En el segundo ámbito, cabe abordar la dimensión política e institucional de la ciudad. Su gobierno local. Y lo realizamos desde un principio normativo; la necesidad que las ciudades profundicen y gocen de Autonomía Local. Entendida como la máxima capacidad de organizar su representación política, de acomodar el sistema electoral a su realidad, de autoorganizarse, de gozar de una sostenibilidad y suficiencia financiera, de reflejar la sociedad local con un sistema de partidos políticos propio, de descentralizar las decisiones políticas en barrios, villas, colonias, distritos; de tener una administración pública local desconcentrada, entre otros.

Estos objetivos se establecen dentro de un marco jurídico que descansa y convive con el de los niveles de gobierno federal, autonómico, provincial, regional, estatal en definitiva. Cada sistema político centralizado, en mayor o en menor medida, ofrecerá un margen distinto para la autonomía local. Una autonomía que, en todo caso, también responderá a la variable de la voluntad política e innovadora de la alcaldía y el equipo de gobierno local; y a la identidad y dinamismo de la comunidad de la sociedad local.

El marco competencial local, abierto o tasado, permitirá o bien que los gobiernos locales gestionen las incumbencias que afectan a la vida cotidiana de la ciudadanía, o bien tendrá un régimen jurídico local que delimitará de manera estricta su ámbito de actuación. No obstante, la autonomía local, en cualquier marco de competencias locales se ejerce, con mayor o menor dificultad, desde un liderazgo y desde una voluntad de resolver y de abordar los retos de los colectivos, grupos sociales y de las personas.

El contexto de crisis del estado, de la representación política, de los cambios profundos en la realidad económica, social y familiar, propicia este resurgir de las ciudades y de los alcaldes como líderes de la colaboración, artífices de juegos de suma positiva, para establecer estrategias y objetivos con el máximo consenso (Pascual, 2016). En un momento, en que la tradicional distinción entre Estado y mercado se debilita: y lo público desborda lo institucional hacia lo colectivo. Mientras lo privado toma formas sociales, de nueva economía (Subirats, 2016). [3]

En último término, en este panorama de cambios, de sociedad postindustrial con estructuras políticas y organizativas más flexibles y porosas, para ser útiles a una sociedad más heterogénea socialmente, la innovación social deviene fundamental -como epicentro de los cambios- para encontrar nuevas respuestas a los retos que tenemos planteados: sostenibilidad y gestión de bienes comunes como el aire, el agua, la energía; transformación económica; gestión del derecho a la vivienda; educación que responda a la nueva realidad; envejecimiento activo; gobernanza de los espacios públicos sometidos a usos e intensidad diversa.

La innovación social se apoya en nuevas formas de participación política que incluyen al máximo número de actores y personas -organizadas y no organizadas- con el uso inteligente de las TIC. La innovación social también amplía el abanico de la participación hasta la co-creación y coproducción de políticas públicas locales, en sus distintas fases de elaboración. Y mediante formas de participación híbridas entre lo presencial y lo virtual. Con plataformas digitales de participación ciudadana realizadas en código libre para evitar el monopolio de la información (y posterior reutilización) por parte de corporaciones empresariales de la tecnología. Para garantizar un valor ciudadano añadido a la reutilización de los datos generados en la vida social.

Se trata de avanzar hacia un gobierno local, abierto, transparente, colaborativo, participativo, que no renuncie al rol político del gobierno local para conformar el proyecto de ciudad; que no renuncie al liderazgo en el proyecto colectivo, de interés general, de modo participado y compartido.

Las ciudades como hace más de dos milenios en la antigua Grecia, o antes, en el nacimiento de la civilización en la antigua Mesopotamia, vuelven a estar en el centro de las decisiones y las soluciones a los problemas humanos y sociales.

Hoy, la centralidad política de la ciudad o de lo ‘urbano’, se expresa mediante instrumentos tecnológicos y la voluntad humana, colectiva y de los gobiernos locales; por medio del aprendizaje institucional atesorado y con la experiencia acumulada en la evolución democrática de nuestras sociedades. Y a través de una mirada enfocada a pensar en lo local para actuar en lo global, y viceversa. Global y local son categorías en contacto en las ciudades, que forman una dialéctica que debe resolverse a favor de la ciudad autónoma, inclusiva y agente principal del desarrollo humano.

Notas

  1. Acerca del título: El concepto de ‘cambio de era’ es utilizado por el experto y consultor urbano Josep Maria Pascual en su última obra: Pascual, J. M (2016). Las ciudades ante el cambio de era. Barcelona: hacer.
  2. Lefrebve, H. (1968). Le Droit à la ville. Paris: Anthropos (2a ed).
  3. Subirats, J. (2016). El poder de lo próximo. Las virtudes del municipalismo. Barcelona: Catarata.

Sobre el autor

Profesor colaborador en la asignatura Tecnopolítica, redes y ciudadanía del Máster Universitario de Ciudad y Urbanismo. Antropólogo y doctor por la Universitat Oberta de Catalunya.Ha trabajado como investigador en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC),Madrid, el Center for Research on Socio-Cultural Change (CRESC) de la Universidad de Manchester y en el Internet Interdisciplinar Institute (IN3) de la UOC. Líneas de investigación: culturas digitales y la ciudad.
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